Sentencias al tardo Calístenes

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Aristóteles y sus discípulos se encontraban paseando y tratando cuestiones filosóficas profundas en el Liceo. Por eso se llamaban, precisamente, peripatéticos, porque paseaban mientras filosofaban.
Sin embargo, había entre sus discípulos un tal Calístenes, el discípulo más tardo y obtuso en entender, no pocas veces siempre más aislado del grupo que otros, solía sacarle de las casillas a su maestro.
Un día, mientras peripateaban, el discípulo tardo de comprensión, intervino en la conversación pero con una tesis que no tenía pies ni cabeza; su intervención parecía completamente extraña al tema del conocimiento del que estaban tratando. Entonces Aristóteles sentenció:
– ¡Nada hay en el intelecto, que antes no haya pasado por el campo de los sentidos!
Con ello, el discípulo, pareció comprender lo que enseñaba su maestro pero, rato después, cuando Aristóteles explicaba en el auditorio privado del Liceo, sobre la idea de que el ‘hombre es un animal social y político’, Calístenes refunfuñaba algo a favor de sus propios ensimismamientos y caprichos. El maestro, dándose cuenta del asunto, increpó al discípulo:
– ¡Calístenes, los hombres que viven aislados sin requerir la cooperación de sus semejantes son bestias o dioses!
Ohslho
La Paz, 02 de Julio del 2007
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