Que Significa Ego

He aquí la historia de un rey que estaba cansado de su rutina entre los vinos y las mujeres. De pronto se enteró que había llegado un sabio, acompañado de sus discípulos, a uno de los pueblos de su reino.
 
Tras haberse enterado de la noticia, el rey fue donde el sabio y le pidió ser iniciado. Frente al hecho los discípulos susurraron:
 
– ¡Cuidado con ese hombre! Es un hombre que nunca caminó sobre sus pies. Su palacio siempre estuvo cubierto de lujos y deleites; no conoce sino vinos y mujeres. ¿Hoy derrepente quiere ser como nosotros? ¿Quiere derrepente hoy abrazar nuestra vida ascética? ¡Lo más probable es que no aguantará!
 
Pero el sabio replicó:
 
– Por lo que sé este hombre será más fiel que ustedes; y si abraza nuestra vida ascética, no lo abandonará. Está harto de un extremo y ahora quiere pasar al otro.
 
Todos los díscípulos seguían planteando sus dudas viendo el pasado de aquel hombre. Mientras tanto, el maestro argumentó:
 
– Yo no dudo de este hombre. Este tipo de personas siempre van hacia los extremos. No os preocupéis. 
 
Los discípulos replicaron:
 
– No creemos que sea capaz de caminr descalzo por las calles y mendigar su comida, o que pueda soportar las adversidades del tiempo.
 
El Maestro contestó:
 
– Será capaz de soportar mucho más que vosotros.
 
Ellos se rieron, pues vieron que el maestro estaba errado en esta ocasión.
 
El rey se unió al grupo y comenzaron a caminar. A partir de entonces, mientras los discípulos caminaban por el sendero, el rey se salía del camino para asentar sus pies sobre los espinos; si los otros se sentaban bajo la sobra de un arbol, el rey permanecía parado en el sol. Mientras los discípulos se alimentaban una vez al día, el rey se alimentaba una vez cada dos días.
 
Pasaron seís meses, luego siete, ocho, el rey se volvió completamente marchito, esquelético, llagoso… Sus huesos comenzaron a notarse.
 
Viendo la situación, el maestro dijo sus discípulos:
 
– ¿Lo véis? 
 
Los discípulos no podían dar crédito a lo que había sucedido, pues las intuiciones del maestro se habían cumplido. 
 
Al final, el sabio concluyó argumentando:
 
– El Ego siempre elige uno u otro extremo. Jamás puede permanecer en el medio. Él era rey de reyes y ahora es el monje de los monjes. Fue un rey extraordinario y ahora es un monje extraordinario. Todos esquiváis los espinos y él parece buscarlos. ¡Será siempre el número uno, haga lo que haga! 
Por tanto, tened en cuenta: ¡El ego siempre elige los extremos!
 
Ohslho
La Paz, 29 de mayo del 2012
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