Pintor Realista

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Una antigua historia cuenta que un emperador convocó a todos los pintores de su reino y de sus vecinos para hacer realidad sus sueños: la de tener un cuadro de pintura pero que luciera como si fuera completamente real.

 
Llegado el día indicado se reunieron en el palacio miles de pintores venidos del Norte y del Sur, del Este y del Oeste del reino, y de los reinos vecinos. Entonces les dijo:
 
– Señores pintores: necesito con urgencia un cuadro de pintura que luciera como si fuera completamente real. Por ejemplo: si ustedes han pintado una puerta, no debe lucir como un cuadro. Todo el mundo debe equivocarse y tratar de entrar en ella. Sin ese requisito no guarda el cuadro no la consideraré como pintura. Y el que sea capaz de hacer una cosa así será recompensado por lo que él pida, aún si todo mi imperio fuese su deseo, se le concederá.
 
En el palacio hubo un silencio absoluto. Después de un largo mutismo se escuchó el murmurar de todos los artistas. Algunos decían: ¿cómo se puede pintar un cuadro como si fuera completamente real? ¿Qué hacer para pintar un cuadro que dé la exacta impresión de lo real? Otros protestaban: ¡No es posible complacer semejante exigencia!, etc.
 
Pero, finalmente, intervino un pintor realista venido del Sur:
 
– Mi señor: Yo estoy dispuesto a pintar, tal como Ud. lo desea. Pero con una condición: Mientras esté pintando no debo ser interferido por nada; además no debe serme impuesto ninguna limitación de tiempo; no pintaré sobre tela sino sobre una gran pared del palacio. Y hasta que no esté completa la obra a nadie deberá serle permitido entrar. El primero en ver la obra será su majestad.
 
El emperador aceptó las condiciones del artista y se comenzó con la ejecución de la obra. Pasó el tiempo, los días, los meses y los años… Aunque el emperador estuvo envejeciendo notablemente, no interfirió. Mantuvo su palabra hasta que el pintor lo indique. Al cabo de siete años, vino el pintor y dijo al emperador:
 
– Mi Señor, la obra está lista. Puede venir conmigo.
 
El pintor condujo al rey al lugar donde estaba la pintura. Entraron en ella y el emperador no podía creer, parecía verdaderamente real. Había árboles y un hermoso andén de jardín; al medio se veía un pequeño sendero muy sutil y tortuoso. La cosa era tan sorprendente que el emperador preguntó:
 
– ¿A dónde conduce este sendero?
 
El pintor realista contestó:
 
– Al palacio mi Señor; tenga confianza, puede usted caminar sobre él.
 
El pintor entró acompañado del emperador para enseñarle el camino y los dos no retornaron.
 
Sea creíble o no esta historia es tan sagrado, tan divino, y tal sutil, como para realzar la genialidad humana por encima de todo.
 
El genio humano es tan vasto, tan infinito, tan inmenso que no se puede calcular dónde empieza ni dónde termina.
 
La inmensidad e infinitud de la Madre Existencia está plasmada en el genio humano hasta colmar, incluso, lo que por la mente humana jamás ha sido pensado.
 
Por eso, cada genio humano, cada pintor realista, es siempre una novedad y un camino abierto a la eternidad, a la infinitud, a la inmortalidad.
 
Ohslho
La Paz, 14 de Diciembre del 2011
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