Muñecas Inflables, Casi Reales

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Dos norteamericanos jóvenes iban de camino hacia el norte de Alaska. Se dirigía a una región remota, apartada de cualquier lugar habitado, para llevar a cabo un trabajo de investigación por el lapso de tres meses.
 
Llegaron al último pueblo y se prestaron a abastecerse de todo lo que iban a necesitar durante su estancia en esa región.
 
Cuando acabaron de hacer todas las compras, el tendero les dijo:
 
– No quiero parecerles un entrometido, pero me gustaría hacerles una sugerencia. Tengo bastante experiencia, pues he abastecido a muchos investigadores, como ustedes, que iban a adentrarse en Alaska, lejos de todo contacto humano.
 
Los jóvenes preguntaron:

– ¿A qué se refiere?
 
El negociante contestó:
 
– Tengo unas muñecas inflables, casi reales, realmente hermosas.
 
Ambos dijeron:
 
– Eso no tiene ningún sentido. ¿Una muñeca inflable? ¿Qué vamos a hacer con una muñeca inflable?
 
El hombre dijo:
 
– Puede que la necesitéis. Allí no habrá ninguna mujer en miles de kilómetros a la redonda.
 
Entonces, uno de ellos se lo pensó seriamente y dijo:
 
– Está bien, la compraré.
 
Su compañero exclamó sorprendido:
 
– ¿Estás loco?
 
Replicó el primero:
 
– No estoy loco. Pero sin una mujer durante tres meses, es probable que sí acabe volviéndome loco. Voy a comprar la muñeca; enséñamela.
Entonces el tendero infló la muñeca y resultó ser muy bonita. El comprador murmuró:
– Ha sido usted muy amable aconsejándonos.
Se compró la muñeca y, en el camino, advirtió a su compañero:
– Recuerda, que no me gusta que nadie tontee con mi muñeca.
 
El otro contestó:
 
– ¿Te has vuelto loco tan pronto? Estamos hablando de una muñeca de plástico, no de una mujer.
 
Y replicó el primero:
 
– ¡Sea lo que sea, durante estos tres meses en Alaska, ten cuidado. Si te veo con mi muñeca, ten por seguro que te pegaré un tiro!
 
El amigo contestó a la advertencia:
 
– ¿Qué tonterías estás diciendo? ¿Me pegarías un tiro, a mí, que soy tu amigo, por un pedazo de plástico? Y además ¿por qué tendría que interesarme tu muñeca inflable?
 
El otro dijo:
 
– Ya te he advertido. Luego no digas que no te lo había dicho.
 
Pasado dos meses, el joven que había comprado la muñeca inflable, regresó donde el tendero, a quien le dijo:
 
– Lo que me sugirió resultó inmensamente útil en aquel lugar solitario.
 
Entonces averiguó el tendero:
 
– ¿Y dónde está tu amigo?
 
El hombre contestó:
 
– No me preguntes por ese bastardo. Le pegué un tiro.
 
El tendero preguntó:
 
– Pero ¿por qué? ¿Qué ha hecho de malo como para pegarle un tiro?
 
El norteamericano contestó:
 
– ¡Le pillé haciendo el amor con mi muñeca! Y cuando se dio cuenta de que le iba a disparar, lo último que hizo el idiota fue morderle los pezones, y ésta salió volando por la ventana. He perdido a mi muñeca y a un amigo. Por eso vine a preguntar si tiene otro par de repuesto.
 
Amar a una mujer es muy bonito, pero remplazarla con una muñeca inflable es algo muy feo. Es enfermizo.
 
Ohslho
La Paz, 04 de Julio del 2012
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