Manantial de Agua Dulce

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Después de una larga jornada de caminata, un día de verano, Khishka y si discípulo Eliosh, llegaron sedientos a las orillas de un manantial de agua dulce donde se observaba cómo aves de toda especie, grandes y pequeños, acudían a ella.

Mas tarde, cuando el sol estaba elevado y radiante, al manantial de agua acudían toda clase de animales cuadrúpedos, caballos, ovejas, vacas, asnos, etc. pero también felinos como leones, tigres, pumas y otros.

 
Mucho después el manantial se vestía de un revoloteo de insectos, entre ellos: mariposas, moscas, libélulas, incluso pajarillos que de vez en cuando se asomaban a las corrientes de agua.
 
Mientras tanto, Khishka y su díscípulo, observaban atentamente todo lo que acontecía en aquel lugar. Se escuhaban mugires de vacas, balares de obejas, sumbido de insectos, gorjeos de pajarillos, y un suave cantar de las aguas tranquilas y serenas.
 
Después de otro rato vienieron también a ella unas mujeres y chiquillos, trayendo consigo unos cántaros vacíos para llevar el agua a sus chozas. Estos, mientras las mujeres -entre chismes y risas- llenaban los cántaros, los muchachos difrutaban del sol radiante jugando con las arenas de la playa. Y en cuanto estaban llenos todos los cántaros, las mujeres llamaron a los muchachos para retirarse juntos hacia sus casas, cargados de agua dulce.
 
Los dos observadores, Khiskka y su discípulo, también disfrutaron del agua dulce y, ya estando prestos para abandonar el lugar, Eliosh se dirigió a su maestro diciendo:
 
– Maestro, ¿has notado que cuántos seres dependen de las aguas de este río?
 
Khishka contestó:
 
– Sí, he notado. Ocurre siempre así: allí donde hay un manatial de agua dulce, hombres, pájaros, insectos, y toda clase de animales lo circundan.
 
Esta analogía explica que un Maestro Vital de la talla de Khishka, Jesús, Buda, Zaratustra, Pitágoras, Sócrates y algunos otros, son como el manantial de agua dulce. En cambio, la gente que acude a ellos, sea por necesidad, enfermedad, traumas, y otros fenómenos psíquicos creados por la sociedad, son como los animales, insectos y chiquillos que acuden al manantial de las aguas dulces. 
Esos hombres, necesarios para iluminar el mundo, son la sal de la tierra.
 
Ohslho
La Paz, 10 de junio del 2012
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