La Princesa Generosa

Quiero compartir con mis amig@s..!
  • Share this on Google+0
  • Share this on Linkedin0
  • Share this on WhatsApp
  • Pin this page0
  • Digg this page
  • Print this page
  • 0
Cierta vez, una princesa tenía cuanto puede desear una hija de reyes. Era bellísima, vestía los más raros y costosos trajes y adornaba su persona con preciosas joyas. Además, sus padres complacían sin demora sus más insólitos caprichos.
Sin embargo, la princesa no se sentía feliz. Y, a cada instante, presa de honda tristeza, se ponía a llorar.
Cuando sus padres le preguntaban preocupados por qué se desconsolaba de esa manera, ella contestaba:
— Busco la felicidad y no la encuentro.
Una mañana, muy de madrugada, la princesa salió del palacio sin ser vista por las damas que estaban a su cuidado ni de los cortesanos. Iba a conocer el mundo y anduvo por campos y bosques. Al sentirse muy cansada, se sentó sobre el tronco de un árbol caído y pensó: “Si yo encontrara la felicidad, con gusto dejaría de ser princesa. No siempre encuentra uno la dicha en medio de comodidades, lujos y poder”.
Apenas había acabado de pronunciar estas palabras, vio que se le acercaba una viejecita, ciega y encorvada por la edad, semidesnuda y apoyada en un bastón.
— Niña —le dijo la mendiga—, me muero de frío.
La princesa se quitó, de inmediato, su manto de armiño y se lo dio a la mendiga.
— Toma —le dijo—, te lo obsequio para que te abrigues.
— Mis hijos —dijo entonces la anciana— se mueren de hambre. Dame algo para alimentarlos y cubrir sus desnudeces.
— ¿Cuántos hijos tienes? —le preguntó la princesa.
— Cinco —contestó la viejecita.
— Pues bien, toma mi collar de perlas para tu hijo mayor; mis brazaletes brillantes para tu hijo segundo; mi cinturón de piedras preciosas para el tercero; mi bolsa llena de monedas de oro para el cuarto y los anillos de mis dedos para tu quinto hijo. Con estas joyas podrán comprar pan para mucho tiempo.
— Gracias, niña generosa —dijo la mendiga—. Tú debes ser una hada, ¿qué me das para recobrar la vista que he perdido?
— Mis ojos— contestó, prestamente, la princesa y, con sus delicados dedos, quiso arrancarse los ojos para dárselos a la mendiga.
Pero, la llegada oportuna de caballeros y soldados del rey que buscaban a la joven, impidió que la buena princesa sacrificara sus hermosos ojos para dárselos a la anciana ciega. La patrulla llevó a la princesa al palacio real, y sus padres, al verla casi desnuda, creyeron morir de pena. Pero ella, tranquila y serena, les dijo con la sonrisa más graciosa de sus sonrosados labios:
— No os compadezcáis, queridos padres. Encontré, por fin, lo que andaba buscando. He hecho un sacrificio para hacer el bien a los necesitados, ese sacrificio, en vez de causarme tristeza, me ha dado la felicidad que yo buscaba.
Los reyes abrazaron emocionados a su bella hija y la felicitaron por lo que había hecho para buscarse la propia felicidad.
Ante esta ejemplar lección, el rey dedicó gran parte de sus ingresos reales a dar limosna a los necesitados.
Organizaba festivales para proporcionar alegría y esparcimiento a sus súbditos. Visitaba a los enfermos, llevándoles no solo el consuelo de sus misericordiosas palabras, sino dinero para sus medicamentos y otras necesidades.
Y cuando el tesorero del reino notificó al monarca que sus arcas estaban exhaustas, éste le replicó:
— No importa que quedemos sin recursos. Lo principal es que lo que tuvimos, se lo dimos a los menesterosos. Y esto nos ha traído inmensa felicidad.
Sin embargo, para tranquilidad del reino, la viejecita mendiga del cuento era una hada que, con su mágica varita, renovó con creces las arcas del tesoro real, y todos fueron felices.

 

Publicado por: Ohslho
La Paz, 12 de Mayo del 2014
Quiero compartir con mis amig@s..!
  • Share this on Google+0
  • Share this on Linkedin0
  • Share this on WhatsApp
  • Pin this page0
  • Digg this page
  • Print this page
  • 0
Simple Share Buttons