Homonovus

(Lo que son los códigos morales…)

 
En la mitología de la primitiva ciudad del Tatio se cuenta que hubo un rey que tenía una hermosa hija. Él estaba ya viejo y, a la hija, le llegó el tiempo de casarse. El viejo rey tomó la decisión de buscarle un esposo, quien sería también su sucesor.
 
Convocó a todos los jóvenes de la región quienes debían cumplir lo siguientes requisitos: tener una talla de 1 metro con 75 centímetros, ni muy gordo ni muy flaco y, sobre todo, debe calzar un ‘zapato promedio’ que habrá de confeccionarse después de haber extraído la medida de todos los jóvenes candidatos. Por tanto el requisito que debía cumplirse al pie de la letra era este último: calzar el botín de oro.
 
Todos los convocados fueron evaluados y los resultados fueron anotados en el libro de la vida del reino. Los encargados tomaron los recaudos correspondientes y procedieron con lo estipulado. Pero en lo que respecta al ‘botín de oro’ debía cumplirse estrictamente, según las Carta Magna del Reinado. Para tal efecto declararon un día solemne y así cumplir con lo prescrito.
 
Los jóvenes se sometieron a los reglamentos y fueron examinados físicamente y sus pies fueron medidos con una unidad de medida de la nobleza. Los especialistas en tomar las medidas de todos los pies, tras haber concluido su trabajo, sacaron un promedio exacto para mandar a fabricar el ‘botín de oro’ que debía lucir los pies del próximo sucesor del rey. La talla debía ser escrita en la planta y en el lado izquierdo de las botas junto al escudo del gran reino. Culminado el ajetreo contrataron al mejor zapatero de la región para que confeccionara lo pedido para el sucesor del rey.
 
El zapatero habiendo acabado el trabajo presentó al rey en un cofre dorado de plata. El rey, de inmediato, convocó a toda la juventud para hacer cumplir el último requisito. Y, tal como estaba estipulado, los encargados procedieron a ejecutar el rito de medición.
 
Todos los jóvenes vinieron de Norte y Sur, de Oriente y Occidente, Del Saliente y del Poniente, con la esperanza de llegar al trono del rey. Y, en presencia del rey y sus cortesanos, uno por uno pasaron por la prueba exhaustiva, cumpliéndose así el requisito más importante. Pero sucedió que ninguno de los pretendientes pudo calzar el botín. Muchos habían acertado con el tema de altura, el porte físico, y demás. Pero en lo concerniente a los pies nadie pudo calzar el ‘botín de oro’. Para unos resultaba muy grande, paro otros demasiado pequeño, para terceros fallaba una cosa de milésima de centímetros, etc. Lo cierto fue que el botín no calzó en ningún pie.
 
Acto seguido se clausuró la sesión hasta un próximo aviso. La ceremonia matrimonial no se llevó a cabo. Y la hija del rey tuvo que posponer el rito anunciado al igual que su padre, quien debía ser sucedido por el nuevo rey. De modo que a falta del cumplimiento del requisito indispensable, calzar el botín de oro, no hubo ni sucesión ni ceremonia alguna porque así lo habían querido los dioses. Y en adelante las cosas siguieron igual.
 
Esto es lo que sucede con los códigos morales y legales. Son fórmulas fijas para ser impuestas al individuo, principios o paradigmas que no tienen el respeto mínimo por los individuos. Son más importantes que el mismo individuo. Sus defensores siempre dicen que todos ellos están elaborados en base al común acuerdo de la gente pero, ese común acuerdo, no es otra cosa sino un zapato dorado, muy bien elaborado, pero que no encaja en ninguno de los pies de los individuos.
 
Todo individuo es algo vivo pero todo código es algo muerto. Lo vivo está en constante movimiento, en constante cambio, pero un código está completamente estático.
 
Por lo tanto a cada individuo le corresponderá llevar adelante una norma de conducta propia, no venida de ninguna tradición o costumbre antigua sino provenida de las circunstancias, del día a día, del momento a momento, vividos intensamente. Cualquier zapato de tamaño promedio, entre lo que calza la mayor parte de la gente, es simplemente arbitrario a la naturaleza. El zapato debe ser confeccionado de acuerdo a los pies de cada individuo. He ahí la utilidad de todo código.
 
El ‘homo novus’ es la única alternativa para la gente de mentalidad científica. Si cada hombre tiene su moralidad, su religión, su filosofía, su propio cuerpo, su corazón, su mente, y su ser, la vida se verá más enriquecida, diversa, alegre, y más variable. Así cada individuo será un aporte exclusivo a la existencia.
 
El ‘homo novus’ es el indicado, el adecuado, el que no está comprometido con la manada, el en soledad absoluta trae en sí una nueva conciencia, la consciencia del nuevo ser humano.
 
 
Ohslho
La Paz 31 de noviembre del 2011
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