Estrella de la Mañana

Quiero compartir con mis amig@s..!
  • Share this on Google+0
  • Share this on Linkedin0
  • Share this on WhatsApp
  • Pin this page0
  • Digg this page
  • Print this page
  • 0
Cuando murió el rey de cierto lejano país, dejó su inmensa fortuna a sus dos hijos: el príncipe Asín y la princesa Estrella de la Mañana.


Tan caprichoso y tan dado a las diversiones era el príncipe, que pronto derrochó no sólo su herencia, sino también la de su hermana, quedando ambos en la miseria.


— Todos nos han abandonado —suspiró Asín, cuando parientes y amigos se les alejaron velozmente en cuanto sus bolsillos quedaron vacíos—. Los hice gozar de lo lindo y hora me desprecian.

— No debo reprocharte —le dijo su hermana —, pues considero que esta lección no la olvidarás jamás.

— No puedo soportar las burlas de esos malos amigos —agregó el príncipe—. Huyamos donde nadie nos vea y donde podamos vivir tranquilos.

Estrella de la Mañana accedió y caminaron sin descanso durante toda la noche y la mañana siguiente, hasta que, al fin, muertos de fatiga, decidieron descansar en un valle. Como llevaban muchas horas sin probar agua, el príncipe dijo:

— ¡El cielo nos protege, hermanita! Mira ese pequeño lago de agua fresca que calmará nuestra ardiente sed.

— Esperemos que alumbre bien el sol para ver si esta agua es limpia —observó ella, deteniéndolo.

— ¡No puedo resistir más! —Gritó Asín—. Lo siento, hermanita, pero beberé. ¡Me muero de sed!

Y el príncipe bebió el agua de aquella laguna, pero, al punto, quedó convertido en un hermoso ciervo. Ante la congoja de su hermana, díjole:

— Sube a mi lomo, hermanita, y trepa a las ramas de ese árbol para pasar la noche.

Al día siguiente y en muchos más, el ciervo recorría el bosque buscando frutos para alimentar a la princesa. Pero, un día, los caballos del rey se dirigieron a abrevar en la laguna encantada. Mientras bebían, vieron reflejada en el agua la imagen de la princesa, y, asustados, salieron corriendo.

Cuando el rey supo lo sucedido a sus caballos, ordenó a sus criados que registraran el bosque para averiguar por qué los animales no querían beber de aquella agua.

Los criados, tras de mucho buscar, descubrieron a Estrella de la Mañana encaramada en el árbol. Al enterarse, el soberano llamó a su primer ministro y con él se fue a la laguna.

— ¿Qué clase de ser sobrenatural eres? —Preguntó el rey a la joven—. ¿Eres un ángel o un diablo?

— No soy ninguno de ellos, sino una simple criatura humana —respondió la princesa, y sus palabras dejaron al rey estupefacto. Luego, le rogó éste:

— ¿Por qué no bajas de ese árbol?

—No puedo —le contestó la princesa, recordando que su hermano le había recomendado no bajar del árbol.

Entonces, el rey, ordenó a sus criados que fueran en pos de hachas y sierras para cortar el árbol. Pero, no obstante el vigor que pusieron en la tarea, pasó todo el día sin que lograran cortarlo, por lo que dejaron el trabajo para el día siguiente.

Poco después, llegaba al lugar el ciervo y, al saber lo sucedido, comenzó a lamer el corte abierto en el tronco del árbol. El corte desapareció y, no sólo eso, sino que el tronco aumentó de grosor.

Al día siguiente, volvieron los criados a su empeño de cortar el tronco, y los volvió a sorprender la noche sin haberlo cortado. Cuando se fueron, apareció el ciervo y resanó la herida abierta. Esto se repitió varios días, hasta que una vieja, que hubo descubierto lo que el ciervo hacía durante la noche, prometió al rey hacer bajar del árbol a la joven.

Con la venia del monarca, la anciana colocó un trípode el suelo, el cual sostenía una caldera al revés. Tomó, luego, un cántaro lleno de agua y comenzó a verter ésta en el caldero. Es obvio que el líquido se iba al suelo y, viéndolo la princesa, dijo a la anciana:

— Jamás lograrás llenar tu caldero de ese modo.

— ¡Ah! ¿Quién eres tú? —Preguntó la anciana—. Tengo que lavar ropa y demostrarás tener buen corazón si bajas del árbol y colocas adecuadamente el caldero.

Pero Estrella de la Mañana tuvo en cuenta lo recomendado por su hermano y no bajó del árbol. La anciana, al día siguiente, encendió fuego al pie del tronco y comenzó a pasar trozos de carne a gran distancia de las llamas, simulando no saber asarla.

— Así no se hace —le observó la princesa.

— Pues baja del árbol y enséñame —le replicó la vieja, pero tampoco logró hacer bajar a la joven.

Al tercer día, reapareció la tenaz anciana con una oveja para degollarla. Fingiendo no saber hacerlo, hundía el cuchillo en diversas partes del cuerpo del pobre animal, menos en el cuello. El tierno corazón de la joven se conmovió, y no pudiendo soportar aquella dolorosa escena, bajó, por fin, del árbol.

Entonces, el rey y sus soldados salieron del escondite en que se ocultaban y apresaron a la hermosa joven, a quien condujeron a palacio.

El rey, después de escuchar el relato de las desdichas de la joven, ordenó que el ciervo fuera conducido a palacio.

Así vivieron un tiempo, hasta cuando fue llevado a la cocina del rey un hermoso pez con doradas escamas.
Cuando el cocinero hundió el cuchillo en el vientre del pez, saltó la sangre a las patas del ciervo y, al instante, éste recobró su estado normal de príncipe.

Festejando el suceso, el rey pidió la mano de la princesa. En adelante, todo fue felicidad para Estrella de la Mañana, pues, aparte de la compañía de su hermano, tenía la dulce y cariñosa de su esposo, el rey.

 

Publicado por: Ohslho
La Paz, 10 de Enero del 2014
Quiero compartir con mis amig@s..!
  • Share this on Google+0
  • Share this on Linkedin0
  • Share this on WhatsApp
  • Pin this page0
  • Digg this page
  • Print this page
  • 0
Simple Share Buttons