Bartimero

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Bartimero era un ciego que cumplía con su oficio justo cruzando el gran puente de la ciudad. Casi todos los días siempre pasaba por ahí un joven que solía darle una limosna al mendigo. 

Un día el joven, después de haberse ganado la lotería, cruzaba por el puente y vio que el mendigo seguía sentado en el lugar acostumbrado. Pero acercándose un poco más dióse cuenta de que no era Bartiemeo sino otro, que también extendía las manos gritando:

– ¡Limosna para este pobre ciego!
Justo al pasar cerca de él el joven le dio una moneda, pero el ciego exclamó:
– ¡Es una moneda falsa!
 
Y el muchacho murmuró:
 
– ¿No decías que eras un ciego?
El hombre suplicó:
 
– Es que antes era ciego, pero como la gente me engañaba a menudo, cambié de profesión, y ahora soy sordo y mudo; pero no le diga a nadie, por favor.
 
Ya que estaban claras las cosas, el joven preguntó por el otro que solía estar allí:
 
– ¿Y que ha ocurrido con Bartimeo, el otro ciego que solía estar aquí?
 
El mendigo respondió:
 
– Hoy es su día libre, se ha ido al cine.
 
El ochenta por ciento de las experiencias de la vida llegan a través de los ojos y el veinte por ciento restante se reparte entre los demás cuatro sentido.
 
Cuando uno pierde la vista pierde el ochenta por ciento de su vida y todo ciego vive solo el veinte por ciento de su vida. Para el ciego no hay colores, formas, flores, mariposas, el verdor de los campos, el amanecer, las montañas con nieves eternas, la luna, las estrellas, un atardecer, etc. Por eso el ciego despierta más compasión que un mudo o un sordo. Sentir compasión por un ciego es un acto natural.
 
Ohslho
La Paz, 06 de junio del 2012
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