Arquímedes de Siracusa

Eureka! ¡Lo encontré!)
El rey tuvo un problema que no podía resolver. Así que decidió ir donde Arquímedes de Siracusa, el famoso matemático, para que resolviese el problema.
El inconveniente, al igual que para el rey, se tornó dificil para Arquímedes. Le dio vueltas y vueltas al asunto y nada, hasta que se agotó de tanto intentar. Mientras tanto el rey le mandaba mensajes y mensajes, pidiendo la respuesta. 
El problema cosistía en que alguien le había regalado al rey un precioso ornamento. Pero el soberano se sentía engañado, pues sospechaba que junto al oro había algo mezclado. El dilema era descubrir su composición sin tener que destruir el ornamento, tanto si se trataba de una aleación especial o no. El ornamento era de un tamaño considerable y, por el color, se podía suponer que no reslucía oro puro sino una mezcla con algún otro material. Y no habiendo medios para saberlo, el rey había acudido a los servicios del famoso matemático Arquímedes de Siracusa. 
El matemático comenzó a cansarse más y a preocuparse. Sin embargo, sucedió que una hermosa mañana, mientras se encontraba desnudo en su bañera, el problema fue solucionado repentinamente. Se olvidó de todo y salió corriendo por la calle, desnudo y gritando:
 
– ¡Eureka, eureka! ¡Lo encontré, lo encontré!
 
Y se dirigía hacia el palacio del rey. 
 
Tras él corrió mucha gente y, tamándole en brazos, le preguntaron:
 
– ¿Vas a presentarte así ente el rey?
 
Él contestó:
 
– ¡Perfectamente!
 
La respuesta le pareció una tomada de pelo a la multitud. Nadie logró entender la respuesta, porque Arquímedes se encontraba en un nivel distinto, en una consciencia impersonal y universal.
 
Esta anécdota le sucedió a muchos personajes históricos como Einstein, Max Planck, Eddington, Edison, madame Curie, etc.
 
Todo personaje público y famoso vive aturdido de muchas cosas en su cabeza, tiene que hacer esto, decir aquello, procurar tal cosa, cuidar la reputación, etc. Todo ese trajín se vuelve complejo a la hora de solucionar un problema apremiante. 
 
Sin embargo, gracias a la vida, hay momentos de relajación como en el caso de Arquímedes de Siracusa quien, estando en su bañera, completamente relajado, encontró la solución al problema en cuestión porque había escalado a un nivel de consciencia superior, la consciencia universal. En la consciencia universal se desvanecen todas las diferencias. Todo se vuelve Uno.
 
Ohslho
La Paz, 22 de mayo del 2012
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