Aprendizaje Espontáneo de una Mascota

(Más allá de la última acción)

 
Un hombre tenía un perro en su casa, atado con una cadena. La mascota proto se acostumbró a arreglárselas en sus necesidades: recibía buena atención, el amo jugaba y se tomaba fotos con él, lo acariciaba, lucía al cuello un hermoso collar, pero no soltaba la cadena.
 
Un día el amo decidió soltar la cadena y echarlo a la calle, y, el pobre perro, volvió al mismo sitio donde siempre estuvo. Otro día hizo lo mismo: soltó la cadena, pero, igualmente, volvió al mismo sitio, una y otra vez. Por tercera vez consecutiva soltó la cadena, lo echó a la calle y, el pobre animal, se dio unas vueltas y retornó como si nada, creyendo que su amo estaba jugando. Así cuanto más lo echaba a la calle más prontamente retornaba.
 
Entonces, el dueño pensó: ‘Ya no hace falta atarlo. Lo dejaré libre de la cadena’. Hizo así y, en poco tiempo, todo se compuso. El animal, espontáneamente, aprendió la lección. Se movía libremente: dormía, jugaba, se paseaba… Su presencia –al interior de la casa del amo– se fue haciendo algo fundamental. Se volvió parte de la plebe, parecía un hijo más de la casa, no sólo era una mascota de adorno. Se volvió realmente un miembro más de la familia. Su belleza lucía grácil, radiante de energía; su jadear se volvió melódico, su pelo brillaba como el sol y espejeaba al ritmo del viento.
 
El pobre perro se transformó de una triste historia en una presencia de belleza en la casa del amo.
 
Muchos sabios concuerdan en lo siguiente: Para vivir el momento con profunda celebración hay que dejar de pensar. De ahí la aparente conclusión: Si quieres celebrar el momento abandona todos los pensamientos. De hecho, algunos maestros han insistido claramente: ¡Deja de pensar! ¡No pienses! Es más: ‘el pensamiento es una enfermedad’. Esto parece un imperativo fundamental o, por lo menos, una invitación a: Dejar de pensar o abandonar definitivamente todo pensamiento. Pero ese ‘dejar de’ o el propio ‘abandonar’ supone tomar una ‘acción’, un ‘hacer’ inmediato.  De modo que esa ‘acción a tomar’ parece ser el requisito primordial para vivir el momento.
 
Sin embargo el problema clave para vivir totalmente el momento reside en esa misma ‘toma de acción’, es decir, en ese ‘querer dejar’ –en este caso– de pensar. Cuando uno dice para sí: ‘voy a dejar de pensar’ y empieza a hacer un ‘esfuerzo por dejar de pensar’, en realidad, no dejará de pensar, pues el ‘querer o la intención de eliminar los pensamientos se ha convertido ahora en un objetivo que alcanzar’ y, todo objetivo como todo ideal, agudiza la tención y estará más lejos aún de librarse del pensamiento. Por tanto seguirá pensando, seguirá atormentándose, porque el ‘querer no pensar’ a adquirido una forma más sutil de actuar, en todo caso, un hacer, una tarea, un trabajo que realizar, un reto, un objetivo que alcanzar. Ahora el objetivo ya no es vivir el momento sino la ‘acción a tomar’.
 
Para celebrar el momento tiene que desaparecer incluso el ‘desear’ hacer esto o aquello, es decir, la ‘acción a tomar’. Todo tiene que volverse espontáneo para que se diluya, incluso, esa ‘toma de acción’. El pensador tiene que desaparecer y transformarse en un puro flujo. Uno tiene que volverse como un barco de papel flotando en el agua; como una nube blanca que aparece en el cielo, como una hoja seca flotando en el rio; una caña hueca donde el viento viene y va. Desaparece todo deseo, por consiguiente, toda acción. Aparece sólo una presencia espontánea.
 
El pensamiento es como el perro encadenado que recibe todos los mimos, entiende todos los trucos del amo, aprende a jugar y, cuanto lo suelta, vuelve, una y otra vez. Dejar de pensar no supone ninguna ‘acción’, antes bien, supone ‘no acción’, esto es, ser, simplemente ser, totalmente espontáneo, virgen, inocente, puro, expuesto, divino… A este estado se le llama: estado de divinidad. En algunas culturas se cataloga como estado Cristo, Buda, Trascendente, Nada, Nirvana, Iluminación… ¡Quien comprende esto, ha hallado un tesoro!
 
 
Ohslho
San Ignacio de Velasco, 27 de Noviembre del 2010
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