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Los Dos Sonidos

Era un martes 13 y Martincho se encontró con un amigo que acababa de llegar de los EE. UU. Y este le contó a cerca de una experiencia de gran impacto. Había visitado el famoso Museo de Arte de la ciudad de Milwoukee en el estado de Wisconsin. 

Aquel museo brindaba una gran sala donde se podía escuchar una música singular, incomparable con la música que hacía Martincho y su contemporáneos. Y como Martincho era un hombre muy aficionado a la música quedóse inquieto, al escuchar sobre aquella música singular. Se preguntaba ¿Qué clase de música era? ¿Si la música que él producía podía igualarse algún día a la música de la que, con tanto halago, hablaba su amigo? En fin, la cosa se convirtió para él en un desafío vital para seguir haciendo música. 

Así que determinó hacer un viaje hasta la ciudad de Milwoukee y visitar el Museo de
Arte. Fue acompañado de su amigo y, llegando allí, acudieron a la mentada casa de arte. Hicieron todos los recaudos y, acompañados de un guía, se dirigieron directamente a la sala de los dos sonidos. La sala estaba absolutamente insonorizada, ningún ruido penetraba desde el exterior. Y Martincho se sintió muy sorprendido, porque el amigo no le había dicho que se trataba de un silencio absoluto. Más si él era músico y tenía un oído sensible a cualquier tipo de música. Se quedó un poco confundido y, pasado unos momentos, empezó a oír dos sonidos maravillosos que jamás había escuchado. Salió corriendo de la sala y dijo al guía que estaba especrando fuera, a la entrada del salón. 

- ¿Qué pasa? ¡Oígo dos sonidos!

El guía sonrió y dijo:

- Sí, esos dos sonidos seguirán estando ahí; están para ese propósito, para ser escuchado por los oídos más finos. Uno es el latido del corazón y el otro es el de la circulación de la sangre. Esos no pueden ser detenidos porque van contigo.

Y Martincho murmuró:

- ¡Nunca los había escuchado antes!

La situación general del 99.9 % de la humanidad es la de Martincho. ¡Nunca lo ha escuchado! Por tanto no conoce los dos sonidos de la Existencia que circula en el propio cuerpo humano. Sin embargo, a menos que seas capaz de escuchar esos dos sonidos, no podrás estar en casa, siempre serás un forastero, un huérfano en este mundo. Pero si eres capaz de escuchar esos dos sonidos, estar en este mundo no será otra cosa que una gran celebración.

Ohslho
La Paz, 14 de junio del 2012

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