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Mira, Gato

Hubo, una vez, un hombre de modesta condición que se casó con una joven rica, pero con la promesa de que ella no trabajaría nunca y de que jamás le levantaría la mano.

De esta manera, el hombre tenía que trabajar de sol a sol, con días de lluvia o de viento, y cuando volvía al hogar tenía que ponerse a arreglar la casa, ejecutar la limpieza y, finalmente, poner las ollas al fuego y cocinar la comida.

Al comienzo, como es obvio, el hombre hizo alegremente sus tareas y resignadamente después. Pero, por fin, se cansó de lo que hacía y comenzó a pensar, y con razón, que el hombre se casa para que la mujer atienda los

La Luz de la Tierra

Hubo una vez, una casa tan grande y tenebrosa, que nadie se atrevía habitar porque corrían muchos rumores acerca de su embrujamiento.

El dueño de casa tuvo que ofrecer un premio a quien pasase toda una noche dentro de ella. Por el señuelo, muchos valientes de la comarca se atrevieron a pasar una noche; pero todos huyeron despavoridos al oír una voz cavernosa, que decía:

— ¡Alumbradme, por favor!

La casa continuaba deshabitada, con el natural perjuicio para el dueño, pues el edificio iba deteriorándose por falta de limpieza y cuidados. Pero, por fin, un buen día, llegó una mujer

La Niña de la Virgen

En una miserable cabaña del bosque, Vivian un labrador con su mujer y su hijita de tres años.

Tan pobres eran, que a veces no tenían un pedazo de pan para saciar el hambre de la niña. Mas, cierta mañana, el leñador se encontró con una hermosísima dama, vestida con un manto azul y con una corona de brillantes estrellas que aureolaban su cabeza.

El hombre le preguntó quién

El Jardín del Paraíso

Este era un inteligente príncipe, que había estudiado mucho de Geografía, de modo que conocía exactamente dónde se encontraban todos los lugares del mundo.

Lo único que atormentaba al príncipe era no poder precisar la ubicación del Paraíso Terrenal, no obstante haber revisado muchos libros. Por eso, decía a menudo:

– Si yo hubiera estado en el Paraíso Terrenal, Adán y Eva no habrían pecado.

Como este modo de pensar acusaba cierta soberbia del príncipe, Dios le dio una lección. Un día, en que

De Leñador a Médico

En una humilde choza del bosque, vivía un malgeniado leñador con su mujer, a quien hacía constantemente víctima de su mal humor, llegando a extremo de golpearla duramente.
La buena compañera soportaba todo con santa resignación, pensando que algún día cambiaría el mal genio de su esposo. Pero ya aburrida de este estado de cosas que no cambiaba, un día pensó ella:
– Tengo que vengarme de este indolente.
Y desde entonces, andaba buscando la ocasión para devolver a su marido los palos que cotidianamente le propinaba.

El Fiel Juan

Un rey muy anciano, antes de morir, hizo llamar a su servidor Juan, que era su preferido debido a su probada fidelidad.

– Mi fiel Juan –le dijo–, se acerca mi fin, y sólo me preocupa la suerte de mi hijo, que es aún muy joven, y no moriré tranquilo si no me prometes velar por él.

– Os prometo –respondió Juan– no abandonarle, aún me cuesta la vida.

– Ahora moriré en paz. Luego que expire, le enseñarás todo

Las Tres Plumas

Este era un rey que tenía tres hijos, siendo el pequeño muy bueno en modesto; en cambio, los dos mayores, eran vanidosos y presumidos. El menor era conocido con el sobre nombre de Simplón.

Cuando el rey vio acercarse la hora de su muerte, decidió dejar el trono al hijo que le trajera el más vistoso regalo. Para el efecto, arrojó tres plumas al aire y decidió que cada uno de los príncipes tomase la dirección de la pluma que le correspondía. Una pluma se dirigió hacia el Este, y el hermano mayor tomó esa dirección. Otra pluma fue hacia el Oeste, y el segundo hermano marchó hacia allí. Pero la tercera pluma cayó al suelo, y Simplón no tuvo más remedio que permanecer